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Cuánto cuesta la libertad de expresión en China: la factura de Mbappé, el Real Madrid y LaLiga

Mbappé llamó dictador a Mao, perdió tres patrocinadores y LaLiga desapareció de la televisión china. Pidió perdón, LaLiga también, y Pekín dice que no basta: ahora exige una disculpa al Real Madrid.

28 de octubre de 2026·5 min de lectura
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Todo empezó con una pregunta informal. Mientras se preparaba para grabar una entrevista con el programa francés The Bridge, a Kylian Mbappé le preguntaron cuál era su meme favorito de los muchos que circulan sobre él. Respondió: «Con el que más me he reído es ese en el que usan mi cara en un dictador chino. Lo utilizo mucho con mis amigos». No pronunció el nombre de Mao Zedong, pero se refería a un conocido montaje en el que su rostro aparece sobre el retrato oficial del fundador de la China comunista. Llamar dictador a Mao es una descripción ampliamente compartida por los historiadores fuera de China. Dentro, las críticas a los líderes históricos del Partido Comunista no se consideran opinión, sino una ofensa.

La reacción fue inmediata. Tres empresas de gran consumo, Dongpeng, Mengniu y Milkground, rompieron sus contratos con el jugador. La televisión estatal, China Media Group, dejó de emitir LaLiga desde la noche del 26 de octubre, no solo los partidos del Real Madrid. El portavoz del Ministerio de Exteriores advirtió que las palabras que hieren los sentimientos del pueblo chino serán rechazadas por toda la sociedad, y la Federación China de Fútbol presentó una protesta formal.

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Mbappé pidió perdón al día siguiente en francés, inglés y chino. Javier Tebas hizo lo mismo en nombre de LaLiga y de todos sus clubes, se reunió con el embajador chino en España y no descarta viajar a Pekín. Ninguna de las dos disculpas ha servido. China Media Group las ha calificado de insuficientes, ha avisado de que escuchará sus palabras y observará sus acciones, y ha subido un escalón más: ahora condiciona la vuelta a la normalidad a una disculpa del propio Real Madrid. Es decir, cada disculpa no cierra el conflicto, sino que abre la siguiente exigencia. El club, que no ha publicado ningún comunicado, sostiene según la prensa que se trata de un comentario personal del jugador.

La primera factura es la de Mbappé. Según Forbes, ingresa unos 30 millones de dólares al año fuera del campo, y una parte de ese dinero venía de estas marcas chinas que llenaban marquesinas, estaciones de metro y ascensores en las grandes ciudades del país, sobre todo desde el Mundial. El importe de esos contratos no es público, pero su pérdida, y la imposibilidad de que sus patrocinadores globales usen su imagen en China mientras dure el veto, es un golpe serio para su negocio personal. Serio, pero asumible para un jugador con su contrato y sus grandes marcas internacionales, que por ahora no han movido ficha.

La segunda factura es la del Real Madrid, y es más política que económica. El club cerró la temporada 2025-26 con unos ingresos récord de 1.221 millones de euros y no publica cuánto procede de China, pero todo indica que el golpe inmediato es pequeño para su tamaño. El problema es el dilema en el que queda. Si pide perdón como institución, asume la responsabilidad por la opinión que un jugador expresó a título personal en un medio ajeno, y acepta que un gobierno extranjero decida qué pueden decir sus futbolistas. Y nada garantiza que su disculpa sí sea suficiente, cuando las dos anteriores no lo han sido. Si no lo hace, arriesga su negocio en el país: academias, licencias, tienda, giras. Y llega desgastado, porque es el cuarto episodio con China en poco más de dos años: la protesta de la embajada por los insultos de un aficionado en 2024, la disculpa en nombre de Huijsen en febrero y la polémica por un mensaje sobre el Tíbet en septiembre. La diferencia es que esta vez China ha pasado de las quejas a cortar la señal.

La tercera factura es la de LaLiga, y es la que explica por qué Tebas se disculpó en nombre de clubes que no tienen nada que ver. Los derechos de televisión del fútbol español se venden de forma conjunta y el dinero se reparte entre todos. La televisión estatal china emitía en abierto dos partidos por jornada desde la temporada 2024-25, y eso ha desaparecido. LaLiga mantiene un contrato hasta 2030 con Migu, la plataforma de China Mobile, que emite todos los partidos, y por ahora no consta que se haya visto afectado. Pero si el veto se extiende, el riesgo es grande: el diario Vozpópuli estima que el negocio de LaLiga en China ronda los 400 millones de euros hasta 2030. Ese dinero lo cobran también el Getafe, el Alavés o el Leganés, que no tienen nada que ver con lo que dijo Mbappé y dependen mucho más que el Madrid del reparto televisivo.

400M EUR
Lo que Vozpópuli estima que vale el negocio de LaLiga en China hasta 2030. Ese dinero lo cobran también el Getafe, el Alavés o el Leganés, que no tienen nada que ver con lo que dijo Mbappé.
Vozpópuli

El precedente que más preocupa es el de la NBA. En 2019, el director general de los Houston Rockets publicó un mensaje de apoyo a las protestas de Hong Kong. La televisión estatal china dejó de emitir la liga, varios patrocinadores chinos se marcharon y la propia NBA reconoció pérdidas de entre 300 y 400 millones de dólares. Las emisiones regulares tardaron casi dos años y medio en volver, y la liga no jugó de nuevo partidos en China hasta seis años después. Entonces tampoco sirvieron las disculpas.

300–400 M USD
Las pérdidas que reconoció la NBA tras el veto chino de 2019 por un mensaje de apoyo a Hong Kong. Las emisiones tardaron casi dos años y medio en volver. Entonces tampoco sirvieron las disculpas.

El caso deja una lección que va más allá de Mbappé. En el fútbol global, opinar sobre China tiene un precio, no lo paga solo quien opina y no se cancela pidiendo perdón. Pekín no busca una disculpa: busca que quede claro cuánto cuesta hablar, y que lo vean todos los demás. La pregunta que queda abierta para el fútbol español es incómoda: cuánta libertad de expresión de sus estrellas está dispuesto a defender cuando la factura la pagan veinte clubes y ni siquiera arrodillarse garantiza que se acabe.

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