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Quitarle los títulos al Manchester City sería el castigo más inútil posible

La filtración sobre el expediente ha reactivado la petición de retirarle el palmarés. Es la sanción que más ruido hace y menos repara, porque la infracción es contable y la victoria fue deportiva.

27 de septiembre de 2026·5 min de lectura
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Basta una filtración para que vuelva el mismo reclamo. The Athletic publica que la comisión independiente habría dado por probados casi todos los cargos contra el Manchester City, el club lo desmiente y sostiene que el procedimiento sigue su curso, y antes de que nadie haya leído una resolución ya hay jugadores y entrenadores rivales pidiendo que le quiten las ligas. Conviene separar las dos cosas, porque van por caminos distintos: que el City haya infringido las normas financieras es un asunto que decidirá un tribunal, y no es lo que discute este artículo. Lo que sí se puede discutir ya es qué sanción tendría sentido si esa infracción se confirma. Y retirar títulos es, de todas las opciones sobre la mesa, la que menos repara.

El argumento a favor de quitarlos parece intuitivo: si hiciste trampa, no mereces lo que ganaste. Pero esa intuición funciona cuando la trampa afecta al resultado. Si un atleta se dopa, corre más rápido de lo que habría corrido; hay una relación directa entre la infracción y la marca, y por eso retirar la medalla tiene sentido. Aquí no hay nada parecido. Nadie acusa al City de amañar partidos, de comprar árbitros ni de alinear a quien no debía. La acusación es contable: haber inflado ingresos para ampliar su margen de gasto bajo las reglas de sostenibilidad financiera.

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Y ahí aparece el problema lógico. El dinero compra plantillas, pero no compra ligas, y la prueba está en la propia Premier de esos años. El City compitió contra seis clubes que, en términos de capacidad de fichaje, jugaban en su misma liga económica. En el mismo periodo, el Manchester United registró un gasto neto muy superior al del City y no ganó una sola Premier. El Chelsea gastó por encima y ganó una. El Arsenal y el Tottenham gastaron en el mismo orden de magnitud y no ganaron ninguna. Si el dinero fuese el mecanismo automático que se sugiere, el palmarés de esa década se habría repartido de otra manera.

0Premier Leagues
El Manchester United registró un gasto neto muy superior al del City durante el mismo periodo y no ganó una sola Premier League. Si el dinero fuese el mecanismo automático que se sugiere, el palmarés habría sido otro.

Eso es lo que revela la ley de rendimientos decrecientes aplicada al fútbol. La diferencia entre gastar cien millones y mil es abismal. La diferencia entre gastar mil y dos mil es casi irrelevante, porque el talento de máximo nivel es escaso y no se multiplica con el presupuesto. No hay veintidós futbolistas de nivel mundial disponibles para una plantilla, y los que existen no aceptan ser suplentes: en cuanto un jugador del City entendió que no tenía el puesto garantizado, se marchó a otro grande a ser titular. Guardiola, de hecho, ha trabajado siempre con plantillas cortas y resolviendo las bajas reconvirtiendo perfiles, no sacando estrellas del banquillo.

De modo que el once del City no salía al campo contra rivales inferiores. Salía contra equipos con jugadores de su mismo nivel, con salarios equivalentes y con recursos para pelear cualquier partido. Y aquí es donde la queja de algunos futbolistas y entrenadores se vuelve incómoda, porque decir que te robaron títulos equivale a admitir algo poco honroso: que esperabas ganar porque el rival tuviera peor plantilla que la tuya. Ningún competidor debería aspirar a eso. Si entraste al campo sabiendo que enfrente había un equipo de tu nivel y perdiste treinta y ocho jornadas seguidas, lo que queda es reconocer que el otro lo hizo mejor.

Nada de esto exculpa al club si la infracción se confirma. Hay un daño real, pero no está donde se busca. La ventaja de haber operado presuntamente sin las restricciones que sí ataban a los demás no es que te dé jugadores mejores: es que te da inmunidad al error. Cuando el Liverpool fichó mal por sesenta millones, arrastró esa decisión durante tres temporadas. Cuando el City falló fichajes de cifras parecidas, pudo volver al mercado al verano siguiente sin desmontar nada. Esa es una ventaja competitiva verdadera, y es acumulativa.

Y hay un perjudicado mayor, del que casi nadie habla porque no sale en la conversación de los títulos. Si la acusación es cierta, el verdadero damnificado no es el United ni el Liverpool, que competían con un presupuesto comparable, sino todos los clubes que se quedaron atrapados debajo. Everton y Nottingham Forest fueron sancionados con puntos por excederse en márgenes mucho más modestos, sin estructura societaria para diluir sus cuentas. El sistema permitió que uno cruzara la puerta y luego la cerró para el resto. Ese es el agravio de fondo.

Por eso el castigo debería mirar hacia delante y no hacia atrás. Una multa grande, limitaciones de fichajes, pérdida de puntos, y en el extremo el descenso administrativo, que es una sanción infinitamente más dura que retirar una copa. Todas tienen algo en común: duelen de verdad, afectan al presente del club y disuaden al siguiente que piense en hacerlo. Retirar un título, en cambio, no devuelve nada a nadie. No se puede reasignar una liga once años después ni decidir qué habría pasado en un mercado que nunca existió.

Descenso administrativo
El descenso administrativo es, según el artículo, una sanción infinitamente más dura que retirar un título, porque duele de verdad, afecta al presente del club y disuade al siguiente que piense en hacerlo.

Un palmarés es un registro de lo que ocurrió en el campo, no un premio moral a la buena conducta contable. Reescribirlo no corrige la ventaja financiera: solo crea la ilusión de que se ha corregido, mientras el problema que la hizo posible sigue exactamente igual.

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