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Quién controla el mercado de agentes de fútbol: de Mendes y Raiola a CAA y Wasserman

El capital institucional americano compró el mercado de representación de futbolistas como si fuera un catálogo musical. La desregulación de 2015 abrió la jaula y los depredadores serios entraron a ordenar el tablero.

18 de agosto de 2026·7 min de lectura
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En septiembre de 2023 la family office de François-Henri Pinault, el dueño de Gucci, pagó una valoración de 7.000 millones de dólares por la mayoría de Creative Artists Agency. No compraba una casa de moda ni un estudio de Hollywood, o no solo. Compraba, entre otras cosas, la mayor agencia de representación de futbolistas del planeta. Ese cheque explica mejor que ningún discurso lo que ha pasado en veinte años. El mercado de agentes dejó de ser un oficio artesanal para convertirse en un activo que compra el capital de lujo.

La historia que se cuenta habitualmente, esa de que los agentes "se profesionalizaron", es correcta pero está mal fechada. El germen multidisciplinar, con abogados, marketing y finanzas dentro de casa, ya existía hacia el año 2000 en firmas como la neerlandesa SEG, la inglesa Beswicks o la estadounidense Wasserman. Lo que no existía era la industrialización. Esa llegó tarde, entre 2019 y 2025, y no la trajeron los agentes. La trajo el dinero institucional americano cuando descubrió que representar a Haaland podía valorarse como se valora un catálogo musical o una productora.

El salto de escala se ve en las comisiones. Según los informes anuales de la FIFA, los clubes de fútbol masculino gastaron unos 237,6 millones de dólares en comisiones a agentes en transferencias internacionales en 2014. Una década después la cifra se disparó hasta superar los mil millones de dólares en un solo año, un récord que la propia FIFA describió como el total más alto jamás registrado. En diez años el gasto se multiplicó por varias veces. No porque haya cinco veces más fichajes, sino porque el negocio que rodea a cada fichaje se ha vuelto más denso, más caro y más profesional.

237,6M USD
Comisiones pagadas por clubes en transferencias internacionales en 2014. Una década después superaron los 1.000 millones, el récord más alto jamás registrado según la propia FIFA.
Fuente: Informes anuales de la FIFA

El origen de todo esto es más sucio de lo que sugiere el brillo actual. En 2006 el modelo emblemático era Kia Joorabchian metiendo a Tévez y Mascherano en el West Ham con sus derechos económicos en manos de sociedades interpuestas. El club acabó fuertemente sancionado en 2007 y pagando una compensación millonaria a un Sheffield United furioso. Aquel esquema, la propiedad por terceros, era la frontera del negocio de entonces. Inglaterra lo prohibió a partir de 2008-09 y la FIFA lo vetó globalmente a finales de 2014, con vigor a partir de 2015. Un modelo de negocio entero murió por decreto.

Mientras tanto el poder lo tenían individuos, no estructuras. Jorge Mendes montó Gestifute en 1996 y llevó a Cristiano Ronaldo del Manchester United al Real Madrid en 2009, con ingresos personales que la prensa estimó en decenas de millones de euros, cifras jamás auditadas. Mino Raiola operaba igual, a su aire, y se dijo que se embolsó una cantidad enorme por el regreso de Pogba al United en 2016. Nombres, teléfonos, favores. El negocio cabía en una agenda.

La bisagra fue regulatoria y, visto lo visto, fue un desastre planificado. El Congreso FIFA de 2014 decidió cargarse el sistema de licencias porque, según reconoció su entonces director legal Marco Villiger en Bruselas en 2011, solo el 25-30% de las transferencias se hacían con agentes licenciados. La solución fue peor. Las FIFA Regulations on Working with Intermediaries, en vigor desde el 1 de abril de 2015, eliminaron el examen, abrieron la puerta a cualquiera y recomendaron un tope del 3% que nadie estaba obligado a respetar. Las comisiones se dispararon. La propia FIFA admitió en 2020, por boca de su Chief Legal Officer Emilio García Silvero, que desregular en 2015 fue un error. Pocas veces un regulador confiesa tan claro que abrió la jaula.

Con la jaula abierta entraron los depredadores serios. En septiembre de 2019 CAA compró la londinense Base Soccer y pisó por primera vez el fútbol europeo. Ese mismo año UTA invirtió en la Klutch de Rich Paul, el hombre que representa a LeBron James. Wasserman se hizo con Key Sports en marzo de 2020. Y entonces llegó la operación que ordenó el tablero. ICM adquirió la Stellar de Jonathan Barnett en octubre de 2020, una agencia con unos 130 empleados, más de 800 deportistas y contratos por valor de unos 3.000 millones de dólares. En 2022 CAA absorbió ICM y nació CAA Stellar. Un año después llegó el cheque de Artémis.

Detrás de cada firma apareció capital privado buscando retorno. Providence Equity entró en Wasserman en 2022. EQT tomó una participación en UTA ese mismo año. Wasserman encadenó diez adquisiciones desde principios de 2023, incluida la suiza IFM en septiembre de 2024. UTA y Klutch compraron la alemana ROOF en junio de 2024, con unos 150 clientes en las cinco grandes ligas. El fútbol dejó de ser un mercado de agentes para ser una cartera de agencias apalancadas.

Y aun así, con toda esta concentración en la cúspide, la base sigue siendo un enjambre. La FIFA contabilizó más de diez mil agentes licenciados a finales de 2025, y el examen, por primera vez del todo online, recibió miles de solicitudes. Una oligarquía arriba, con CAA Stellar/Base gestionando según el CIES una cartera valorada en 2.560 millones de euros repartida entre 84 jugadores, por delante de Gestifute con 1.860 millones. Y debajo, miles de intermediarios peleando por las migajas. El mercado se estrechó donde está el dinero grande y se ensanchó donde está el humo.

Conviene no confundir magnitudes, porque la prensa lo hace todo el rato. El valor de cartera que publican CIES y Transfermarkt mide lo que valen los jugadores en el mercado, no lo que ingresan las agencias. Son cosas distintas. Los ingresos reales de estas firmas son opacos, escondidos en registros mercantiles que casi nadie audita, y por eso cualquier afirmación tajante sobre quién factura más se mueve en el terreno de la estimación educada. No existe un índice de concentración fiable del mercado de comisiones. Lo que hay son indicios fuertes y una intuición razonable de oligopolio.

La geografía del gasto tiene un centro claro. Inglaterra fue con diferencia el mayor pagador en 2025, con 375 millones de dólares en comisiones y un 51,1% de sus fichajes entrantes cerrados con agente de club, según la FIFA. Alemania la siguió con 165 millones. Europa concentró alrededor del 86,6% del gasto global en 2023. Y desde ese año apareció un comprador nuevo con la cartera abierta, Arabia Saudí, que tras llevarse a Cristiano al Al-Nassr en enero de 2023 protagonizó un verano de gasto récord que lo situó, según Deloitte, entre los mayores mercados del mundo tras la Premier.

375M USD
Comisiones pagadas por clubes ingleses en 2025, con más de la mitad de sus fichajes cerrados con intervención de agente de club. Inglaterra es con diferencia el mayor pagador del mundo.
Fuente: FIFA

El contrapunto honesto es que nadie sabe todavía si la regulación importa. La FIFA reactivó las licencias y un tope de comisiones con el FFAR, aprobado en diciembre de 2022, pero un tribunal de Dortmund lo frenó cautelarmente en mayo de 2023, un arbitraje de la FA inglesa lo calificó de cártel de compradores en noviembre de ese año, y la propia FIFA suspendió mundialmente las cláusulas conflictivas por la Circular 1873 el 30 de diciembre de 2023. La justicia europea acabó avalando que la FIFA sí puede regular a los agentes, pero remitiendo el análisis de proporcionalidad del tope a los tribunales nacionales. Traducción, fragmentación jurídica garantizada. Y el récord de comisiones de 2025 se produjo con el tope suspendido, lo cual sugiere que quizá el tope nunca fue el motor de nada.

Si en 2027 la cifra sigue subiendo sin freno legal, sabremos que la re-regulación fue teatro. Si cae, sabremos que el mercado se autolimitaba mientras los reguladores discutían. Mientras tanto, el hombre que vende bolsos de Gucci decide quién representa a la próxima generación de cracks.

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