La comisión independiente de la Premier League declaró este lunes al Manchester City culpable de las infracciones graves de las normas financieras de la liga entre 2009 y 2018, y de la mayoría de los cargos por no cooperar con la investigación. La resolución sostiene que el club ocultó el estado real de sus cuentas e infló ingresos por más de 900 millones de libras. El City ha anunciado que apelará y sostiene que es inocente. Lo que todavía no existe es la sanción: eso se decide en una audiencia aparte, y el reglamento permite desde una multa hasta la expulsión de la liga.
Así que la pregunta que circula desde ayer tiene sentido aunque sea hipotética. Si lo mandaran a Championship, ¿qué le pasaría al City? Y sobre todo, ¿lo protegería su tamaño?
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Los números de partida son brutales. El club cerró su último ejercicio con 694 millones de libras de ingresos, de los cuales 279 vienen de la televisión. En Championship, los derechos audiovisuales por club rondan los cinco millones. Los pagos de paracaídas amortiguan el golpe durante tres años, pero apenas suman en total lo que el City ingresa hoy en unos meses de Premier. A eso hay que añadir lo que ocurre con los patrocinios, que en el fútbol inglés suelen llevar cláusulas de rebaja o de salida en caso de descenso, y con una masa salarial construida para competir en Champions que sería insostenible una categoría más abajo.
Con ese panorama, la intuición es que un descenso arruinaría a cualquiera. Los precedentes dicen algo más preciso.
La Juventus es el caso que todo el mundo cita, y con razón. En 2006 bajó a Serie B con nueve puntos de sanción y perdió en un verano a Ibrahimović, Cannavaro, Thuram, Zambrotta, Vieira y Emerson. Sus ingresos cayeron un cuarenta y dos por ciento y el club se desplomó del tercer al duodécimo puesto en el ranking de Deloitte. Y aun así volvió a Serie A en un año, ganó el Scudetto tres años después y tardó entre cinco y siete en recuperar su nivel de ingresos. Fue un golpe durísimo del que se levantó.
El Leeds cuenta la historia contraria. Descendió en 2004 con una deuda cercana a los cien millones de libras acumulada comprando jugadores que no podía pagar, entró en administración en 2007, cayó a tercera división y tardó dieciséis años en volver a la Premier. Nunca ha recuperado lo que fue. El Portsmouth bajó en 2010 con una deuda aún mayor y directamente no ha vuelto.
La diferencia entre la Juventus y el Leeds no es el tamaño ni la afición. Es la deuda y la propiedad. La Juventus bajó con un problema deportivo y reputacional, pero con la familia Agnelli detrás y unas finanzas que resistían el impacto. El Leeds y el Portsmouth bajaron con el balance ya roto, y el descenso no fue la causa de su hundimiento sino el disparo que activó una bomba puesta años antes. Los estudios sobre supervivencia de clubes en Inglaterra apuntan a lo mismo: lo que predice la recuperación es la deuda controlada, la propiedad estable y la infraestructura propia, no el prestigio histórico. Los clubes que entran en administración después de descender casi nunca vuelven.
Aplicado al City, eso cambia el diagnóstico. El club no arrastra deuda que le asfixie, porque sus pérdidas las ha venido cubriendo su propietario, miembro de la familia real de Abu Dabi, a través del City Football Group. Tiene estadio, tiene academia y tiene once clubes hermanos repartidos por el mundo. En el escenario de descenso, el City no se parece al Leeds de 2004: se parece más a una Juventus con un dueño que no necesita que el club sea rentable.
Lo que sí perdería es lo que el dinero no compra de vuelta. La fuga de jugadores sería inmediata y previsiblemente masiva, porque ningún futbolista de élite en su mejor momento acepta jugar una temporada en segunda, y muchos contratos incluyen cláusulas de salida precisamente para eso. No hay competición europea, y sin competición europea no hay forma de fichar a nadie de primer nivel para volver. La Juventus mantuvo a Buffon, Del Piero y Nedvěd, que se quedaron por vínculo emocional con el club. Cuesta imaginar ese gesto en una plantilla construida a golpe de talonario en quince años.
Hay además un daño que no aparece en ninguna cuenta y que puede ser el más caro. El descenso llegaría acompañado de una sentencia que dice que el club infló sus ingresos durante casi una década. Eso no lo compensa un propietario rico, porque afecta a cómo negocia sus patrocinios, a cómo se percibe el modelo multiclub entero y a cómo se lee retrospectivamente todo lo que ganó. Volver a Premier en un año es plausible. Volver a que nadie ponga un asterisco a los títulos, no.
Conviene no dar nada por hecho. No hay sanción todavía, el club ha anunciado apelación y el proceso puede alargarse. Tampoco existe un precedente real de un club con propiedad estatal sancionado con descenso, así que cualquier comparación es imperfecta.
Pero el patrón de los casos anteriores sí permite una conclusión. Bajar de categoría no hunde a un club: hunde a un club endeudado. Al City, el descenso le costaría su plantilla, su estatus y su relato, que es mucho. Lo que casi con seguridad no le costaría es la existencia, y esa es precisamente la razón por la que una sanción pensada para arruinar puede acabar siendo, para él, solo carísima.




