Seis mil cuatrocientos millones de libras. Esa fue la facturación agregada de la Premier League en el ejercicio que analizó BDO en su vigésimo informe anual sobre finanzas del fútbol inglés, el que titularon "Defying Gravity". Nunca se había ingresado tanto. Y sin embargo, según ese mismo informe, el 90% de los clubes de las cuatro primeras divisiones esperaba declarar pérdidas antes de impuestos en 2025, incluyendo ya en la cuenta el dinero que sacaron vendiendo futbolistas. Ingresa como nunca, pierde como siempre.
La cifra que mejor resume el negocio no es la de los ingresos récord, sino la del dinero que hace falta pedir para llegar a fin de mes. Cerca del 90% de los directores financieros encuestados por BDO daba por hecho que necesitaría una inyección extra de capital de sus dueños en el corto plazo. Un sector que factura miles de millones y que, aun así, depende de que el propietario abra la cartera cada temporada. Eso, en cualquier otra industria, tiene un nombre feo.
Lo dice el propio Ian Clayden, socio y director de Deportes Profesionales en BDO, con más elegancia. La combinación de salarios altísimos, pérdidas continuadas y deuda creciente encendería las alarmas de insolvencia en cualquier empresa convencional. En el fútbol no las enciende porque el activo se revaloriza solo. Mientras la audiencia global siga creciendo y el capital privado siga llamando a la puerta, el balance operativo puede ser un desastre y no pasa nada. El precio de la franquicia sube aunque el club opere en números rojos.
El problema está en el sueldo. En la Premier League, la masa salarial se comió de media el 63% de los ingresos, según el informe. Suena manejable hasta que se mira dónde duele. Los clubes de la zona media, entre el octavo y el decimoséptimo puesto, gastaron de media 168 millones de libras en salarios solo para no descender, y ahí la ratio subió al 69%. En el Championship el cuadro es directamente terminal. Los sueldos consumieron el 93% de los ingresos totales. Se ingresa una libra y se gastan noventa y tres peniques en pagar nóminas antes de encender las luces del estadio. Todo por la lotería del ascenso.
Y lo más interesante es que gastar más no garantiza ganar. Un estudio de Twenty First Group incluido en el informe midió la relación entre lo que se gasta en la plantilla y los puntos que se sacan. La correlación se quedó en el 57%. Cuando quitaron del modelo a los superclubes, esos que juegan en otra liga de ingresos comerciales, la correlación entre gasto en jugadores y éxito deportivo se desplomó al 35%. Traducido, para la inmensa mayoría de los clubes el presupuesto explica poco de lo que pasa en el campo. Los equipos que fichan y gestionan con analítica seria le sacaron a rivales con el mismo presupuesto más de diez puntos por temporada, y hasta veinte a los que gestionan mal. El dinero mal invertido es dinero prendido fuego con el escudo bordado.
Debajo de todo esto hay un cableado que da vértigo. La deuda por fichajes aplazados dentro de la Premier League alcanzó una magnitud de miles de millones de libras, según BDO. Lo que un club tiene pendiente de cobrar es lo que otro tiene pendiente de pagar. Si un grande, uno del Big Six, se queda sin liquidez, arrastra a los acreedores pequeños que tienen mucho menos colchón de tesorería. Un efecto dominó montado sobre pagarés. A eso se suma la costumbre de adelantar ingresos futuros, descontando en el banco los derechos de televisión y los traspasos por cobrar. Se hipoteca el mañana para tapar el agujero de hoy, y cada vez queda menos margen para cuando lleguen las curvas.
La brecha con el Championship es un abismo con premio de consolación. Un club que baja de la Premier ingresa una cantidad muy superior gracias a los parachute payments, mientras que un club del Championship que nunca ha estado arriba se apaña con una fracción de eso. Esa diferencia empuja a los recién ascendidos a inflar salarios hasta lo insostenible para no bajar, y a los recién descendidos a gastar como si siguieran arriba para volver rápido. El famoso efecto yo-yo, financiado a crédito.
Aquí llega el cambio de reglas. Los clubes de la Premier League pactaron el entierro de las PSR, aquellas normas que medían pérdidas acumuladas en tres años con un tope de 105 millones. A partir de la temporada 2026/27 mandan dos cuerpos nuevos, la Squad Cost Ratio y las reglas de sostenibilidad y resiliencia sistémica. La SCR ya no mira pérdidas contables, mira gasto deportivo directo sobre ingresos. Los clubes sin competición europea podrán destinar hasta el 85% de sus ingresos a salarios, amortizaciones y comisiones de agentes. Los que jueguen en Europa, hasta el 70%, alineándose con la UEFA. Se controla durante la temporada, con una foto el 1 de marzo y la confirmación al cierre del ejercicio.
El régimen sancionador tiene dientes. Entre el 85% y el 115% de gasto, multas económicas crecientes según lo lejos que te pases. Por encima del 115%, castigo deportivo automático, seis puntos menos por cada 6,5 millones de sobregasto. Los clubes rechazaron el llamado anchoring, ese tope absoluto ligado a un múltiplo de los ingresos del último clasificado, por doce votos contra siete y una abstención. Los grandes no querían un techo duro que les recortara la ventaja. Y las reglas de sostenibilidad añaden una prueba de liquidez a dos años bajo escenarios de estrés y una ratio de patrimonio neto positivo que baja del 90% en 2026/27 al 80% desde 2028/29.
La objeción honesta a todo esto es que el modelo lleva décadas desafiando la gravedad y sigue sin caerse. Los agoreros llevan advirtiendo de la burbuja desde antes de que existiera Sky. Buena parte de los clubes de la Premier tenía ya dueño mayoritario estadounidense, y una amplia mayoría recibió aproximaciones de inversores en el último año, según BDO. Mientras haya cola de compradores dispuestos a pagar por un activo que pierde dinero, la fragilidad es teórica. El capital tapa el agujero antes de que se note.
Salvo que la nueva SCR cambia quién puede tapar el agujero y cómo. Al atar el gasto a los ingresos ordinarios de cada club, protege a los que ya facturan mucho y le corta las alas al dueño rico de un club pequeño que quería comprar competitividad a golpe de talonario. El descalce se vuelve estructural, blindado por reglamento. Y el fútbol femenino queda pillado en el medio, porque el 60% de los clubes de la WSL sobrevivía con préstamos y aportaciones de sus equipos masculinos, según el informe, expuestos al primer recorte que exija la nueva ratio. La cuenta la pagará quien menos margen tiene, como siempre. Los récords de facturación seguirán saliendo en los titulares, pero la caja la vigilará el 1 de marzo un auditor con calculadora.




