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¿Le conviene a un club pequeño que lo compre un grupo multiclub? Lo que dicen los datos sobre el Girona, el Troyes y compañía

Cuando un gran grupo compra un club modesto, la afición suele celebrar la llegada de dinero, ojeadores y jugadores. Pero el estudio más amplio hasta la fecha no encuentra que esos clubes mejoren. Lo que cambia es otra cosa: el club pasa a jugar un papel dentro de una red, y su techo lo decide el grupo.

13 de octubre de 2026·5 min de lectura
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Cada vez que un gran grupo compra un club modesto se repite la misma escena. La afición imagina que llegan recursos que el club nunca tuvo: una red de ojeadores mundial, analistas de datos, jugadores cedidos por el club grande y la experiencia de gente que gestiona algunos de los mejores equipos del mundo. El Girona dentro del City Football Group, el Union Saint-Gilloise con Tony Bloom o el Estrasburgo con los dueños del Chelsea alimentan esa ilusión. Hoy hay más de un centenar de clubes de primera división en Europa que forman parte de alguno de estos grupos, así que la pregunta afecta a muchos aficionados: ¿un club pequeño se vuelve más competitivo cuando lo compra uno grande?

La respuesta general es que no. Un estudio publicado este año en European Sport Management Quarterly comparó la evolución de clubes antes y después de entrar en un grupo multiclub con la de clubes independientes parecidos. No encontró ninguna mejora sistemática en su rendimiento en liga. Tampoco al distinguir entre tipos de propietario, desde grupos deportivos hasta fondos de inversión, ni según el papel que el club ocupaba dentro de la red.

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Eso no significa que a nadie le vaya bien. Significa que entrar en un grupo no mejora al club por sí mismo, y que lo que le ocurra depende del papel que el grupo le asigne. Ahí está la clave para entender por qué unos ganan y otros pierden.

El Troyes y el Girona, los dos del City Football Group, lo explican mejor que cualquier modelo. En 2022 el Troyes fichó a Savinho del Atlético Mineiro por 6,5 millones más variables. El brasileño nunca jugó un partido oficial con el club francés. Pasó una temporada cedido en el PSV y otra en el Girona, donde fue una de las piezas que llevaron al equipo catalán a clasificarse para la Champions. En el verano de 2024 el Manchester City lo fichó por varias veces lo que había costado. El Troyes cobró el traspaso, pero para entonces ya había bajado a la segunda división francesa. Un club fue el que pagó y el que ingresó; otro fue el que disfrutó del jugador; y el destino final siempre fue el club principal del grupo.

Sin mejora sistemática
El estudio más amplio hasta la fecha no encontró ninguna mejora en el rendimiento en liga de los clubes pequeños tras entrar en un grupo multiclub, independientemente del tipo de propietario o del papel asignado. Pertenecer a la red no basta.
European Sport Management Quarterly

Para el Girona, el papel fue el de escaparate: recibir talento joven en préstamo, hacerlo brillar en una liga grande y devolverlo listo para Manchester. Le salió bien deportivamente. Para el Troyes, el papel fue el de propietario formal de un jugador que nunca vio. Ser parte de la red benefició a uno y apenas al otro, con el mismo dueño y la misma información.

El Union Saint-Gilloise muestra una tercera función, la de sala de espera. El Brighton fichó a Kaoru Mitoma en 2021, pero el japonés no cumplía los requisitos del permiso de trabajo inglés, así que pasó la temporada en el club belga, que entonces también pertenecía a Bloom. Al año siguiente se marchó al Brighton. El Union tuvo a un gran jugador durante un año, pero no para construir un proyecto con él. Donde sí ganó fue en el mercado: compró a Victor Boniface al Bodø/Glimt por unos 2 millones y lo vendió al Leverkusen un año después por unos 20. Para un club pequeño, esas plusvalías son un beneficio real que difícilmente habría conseguido solo.

~20M vs ~2 M EUR
El Union Saint-Gilloise compró a Victor Boniface por unos 2 millones y lo vendió al Leverkusen por unos 20. Para un club pequeño, esas plusvalías son un beneficio real que difícilmente habría conseguido en solitario.

Hay además un límite que la afición rara vez tiene en cuenta: cuando el club pequeño crece lo suficiente como para coincidir con el grande en Europa, el grupo tiene que separarse de él. La UEFA prohíbe que dos clubes del mismo dueño que juegan la misma competición se traspasen jugadores, compartan bases de datos o colaboren en el scouting. Para que el Girona pudiera jugar la Champions de 2024/25 junto al City, el grupo tuvo que ceder su control a un fideicomiso ciego durante toda la temporada. Justo cuando el club pequeño llega al nivel con el que soñaba, las ventajas de pertenecer al grupo quedan congeladas.

Y queda el riesgo que pocos calculan: si el grupo se hunde, arrastra a sus clubes. 777 Partners compró participaciones en el Standard de Lieja, el Hertha Berlín, el Genoa o el Vasco da Gama con la promesa de crear una red con economías de escala. En 2024 entró en una crisis financiera grave y sus clubes acabaron en manos de los acreedores. Eagle Football, el grupo de John Textor, ganó la Copa Libertadores con Botafogo y un año después había dejado de pagar unos 450 millones de dólares en préstamos; el Lyon llegó a ser descendido administrativamente a Segunda en 2025 y solo se salvó en apelación. Un club independiente responde de sus propios errores. Un club dentro de un grupo responde también de los de su dueño.

Por eso la pregunta de si a un club pequeño le conviene ser comprado no tiene una respuesta única. Le conviene si el papel que le toca dentro de la red coincide con lo que quiere ser: si el grupo lo necesita como escaparate en una liga grande, puede vivir temporadas que nunca habría alcanzado solo, como el Girona; si lo necesita como vendedor, puede ganar dinero en el mercado, como el Union. Pero si lo necesita como almacén de jugadores o como pieza contable, el club deja de jugar para sí mismo. Lo que compra un grupo multiclub no es solo un club. Es el derecho a decidir para qué sirve.

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