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¿Merece la pena tener cantera? Lo que dicen los números de Madrid, Barça, Atleti, Villarreal y Espanyol

Formar jugadores compensa, y no por la plusvalía de venderlos, que es lo que siempre se cita. Compensa porque el gasto de formación no computa en el límite salarial, porque cada canterano evita un fichaje y porque el club acumula jugadores vendibles que no aparecen en el balance.

19 de agosto de 2026·9 min de lectura
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La pregunta es simple y casi nadie la responde: si un club invierte diez millones al año en su academia durante una década, ¿recupera ese dinero? La respuesta corta es que sí, con dos condiciones que se explican al final. La larga exige desmontar primero el argumento que siempre se da, porque es cierto y al mismo tiempo es el menos importante.

El argumento es que un canterano es beneficio puro. La adaptación del Plan General de Contabilidad a las entidades deportivas obliga a llevar a gasto del año los costes de formar a un jugador propio y prohíbe activarlos en balance, por prudencia y porque son difíciles de medir. Un fichaje, en cambio, se apunta como activo, como derecho de adquisición, y se amortiza durante la duración del contrato. Por eso un jugador formado en casa vale cero en la contabilidad del club y, cuando se vende por veinte millones, casi los veinte son plusvalía. No los veinte exactos, porque la normativa de control económico de LaLiga descuenta los gastos asociados a la operación y el efecto financiero del cobro aplazado: con medio millón de costes de salida, el beneficio reconocido son diecinueve y medio. Un jugador fichado por veinte al que aún le quedan ocho millones por amortizar deja, con los mismos costes, once y medio. Ocho millones de diferencia que nacen solo de dónde vino el futbolista.

Pero eso es una cuestión de cuándo aparece el coste en la cuenta de resultados, no de cuánto cuesta. Los diez millones anuales de la academia salen de la caja igual que los cincuenta de un fichaje; la diferencia es que unos se gastan cada año y los otros se reparten en cinco. La contabilidad no hace que la cantera sea una buena idea. Lo que la hace buena idea son tres cosas que están fuera de ese cálculo, y la primera es regulatoria.

Tanto LaLiga como la UEFA, en su marco de sostenibilidad de 2025, permiten excluir del gasto relevante los costes directamente atribuibles a la formación: los entrenadores dedicados en exclusiva a cantera, la residencia, la medicina, la educación, los desplazamientos, la equipación, el alquiler de instalaciones y las remuneraciones de los jugadores menores de 18 años. La amortización de un fichaje, en cambio, entra entera en el límite de coste de plantilla, junto con el salario y las comisiones del agente. La consecuencia es aritmética: un millón gastado en formar consume menos límite salarial que un millón gastado en comprar. Y es una decisión deliberada del regulador, que se ve mejor en lo que la norma se niega a excluir. El scouting, las primas por conseguir la ficha de un joven, las comisiones a agentes y los pagos a otro club por captar al chaval computan como gasto relevante sin ningún trato favorable. Dos millones invertidos durante años en formar no valen lo mismo, a efectos de control económico, que dos millones pagados para pescar a una promesa de dieciséis años. La regla distingue entre formar y captar a propósito, y esa distinción es la primera razón de que un club quiera tener cantera.

La segunda razón es el fichaje que no se hace. Si un central de la casa ocupa durante cinco temporadas una plaza que habría exigido comprar otro por cincuenta millones, esos cincuenta millones no amortizados son el mayor retorno que la cantera produce, y no aparecen en ninguna cuenta anual como ingreso de cantera. Es un contrafactual, no se puede auditar, pero es el que explica el balance de un club que compra en vez de formar. El Atlético de Madrid, según sus cuentas auditadas de 2024/25, cerró el ejercicio con derechos de jugadores por 452 millones de coste bruto y 243 millones de valor neto tras amortizaciones, con altas de 234 millones en una sola temporada y 76 millones de amortización anual. Cada plaza cubierta desde dentro evita añadir una capa más de ese activo que hay que ir amortizando año tras año.

La tercera razón es la que cambia la lectura de todo lo demás, y para verla hacen falta los números de CIES Football Observatory. El estudio publicado el 1 de abril de 2026 define como club formador aquel en el que el jugador pasó al menos tres temporadas entre los 15 y los 21 años, e incluye variables aún no cobradas y porcentajes de reventa, así que sus cifras sirven para comparar modelos pero no coinciden con la plusvalía contable auditada. Con esa vara, el Real Madrid encabeza la última década con 395 millones de euros en ingresos por jugadores formados y 40 operaciones, aunque solo 81 de esos millones llegaron en los últimos cinco años y Álvaro Morata supone por sí solo una quinta parte del total. El Villarreal aparece segundo con 203 millones, y aquí está el dato más llamativo de toda la serie: 168 de esos millones, el 83 por ciento, corresponden al último lustro, con Álex Baena como principal contribuyente. El Atlético suma 181 millones en diez años, pero solo 21 en los últimos cinco, y Lucas Hernández explica el 44 por ciento del acumulado. El Barça está cuarto con 173 millones, 98 en el último lustro y Nico González como mayor aportación con un 14 por ciento. Y el Espanyol cierra con 81 millones, 44 de ellos recientes, con Joan García representando casi un tercio.

83%
Parte de los 203 millones que el Villarreal ha ingresado por canteranos en una década y que corresponde solo al último lustro: 168 millones, con Álex Baena como principal contribuyente.
Fuente: CIES Football Observatory, abril de 2026

Leída sola, esa clasificación dice que el Madrid es la mejor cantera de España y el Barça la cuarta. Pero el mismo CIES publicó en enero de 2026 otra cifra: la valoración de mercado de los canteranos de cada club que siguen bajo contrato. La del Barça era de 738 millones de euros, la más alta del mundo en su estudio. La del Espanyol, para dimensionar, era de 59 millones, con Javi Puado a la cabeza con 19. El Barça vende menos que el Villarreal y sin embargo tiene dentro de casa cuatro veces más valor del que ha vendido en diez años. Esa diferencia entre lo vendido y lo retenido es la tercera razón: una cantera produce un stock de jugadores vendibles con coste de adquisición cero, y ese stock no aparece en ningún estado financiero hasta que alguien paga por uno de ellos.

738M€
Valor de mercado de los canteranos del Barça que siguen bajo contrato: cuatro veces más de lo que el club ha vendido en diez años, y la cifra más alta del mundo.
Fuente: CIES Football Observatory, enero de 2026

Dicho de otro modo, una cantera genera dinero de tres formas. La primera es la venta, y esa la miden bien las cuentas. La segunda es la compra que no se hace porque el chaval de casa ocupa la plaza. La tercera es el activo que se guarda esperando a que alguien lo quiera. Las dos últimas no existen para la contabilidad, y son las que explican por qué un club como el Barça, que vende relativamente poco, anunció en 2024 que concentraría su inversión en el desarrollo de jugadores propios con fichajes solo selectivos.

Con todo esto, el veredicto depende de qué club se sea. Para un club grande que puede retener a sus jugadores, la cantera compensa sin discusión: el Barça es el caso extremo, con 173 millones vendidos y 738 retenidos, y su retorno viene del ahorro en fichajes y del stock, no de las ventas. Para un club mediano con buen scouting, compensa como modelo híbrido, que es exactamente lo que hace el Villarreal: estructura formativa propia más capacidad para identificar, desarrollar y vender. Sus ventas de cantera no son un ingreso anecdótico. El club perdió 14,1 millones en 2023/24 y aprobó un presupuesto de 143,4 millones para 2024/25; en una entidad de esa escala, 168 millones en cinco años de traspasos de canteranos son lo que sostiene la cuenta. Para un club formador de escala menor, compensa aunque pierda a sus mejores jugadores, porque cada salida produce precio, reputación para atraer a la siguiente generación y un ingreso que casi nadie cuenta: el mecanismo de solidaridad de la FIFA reserva el cinco por ciento de cada traspaso internacional posterior para repartirlo entre los clubes que formaron al jugador entre los 12 y los 23 años. El Espanyol ha sacado 81 millones en diez años con una estructura que no se parece en nada a la de los dos grandes, y el estudio de CIES le atribuye diez canteranos bajo contrato. El Atlético, por último, es la advertencia de que el dato decenal puede mentir: 181 millones suenan bien hasta que se ve que 21 llegaron en el último lustro y que un solo jugador explica casi la mitad. La intensidad actual de su modelo de cantera no tiene nada que ver con la de hace ocho años.

Quedan las dos condiciones, y sin ellas todo lo anterior se convierte en propaganda. La primera es que el coste real de un canterano no es su factura individual, sino la de toda su generación. El error más repetido del periodismo deportivo es comparar los veinte millones de una venta con los trescientos mil euros que supuestamente costó formar a esa estrella, ignorando a los cientos de futbolistas de la misma cohorte que consumieron entrenadores, residencia, médicos y viajes durante años y no produjeron un euro. La rentabilidad honesta reparte todo el gasto de la academia entre los que llegaron, y ningún club español publica ese denominador: las cuentas auditadas muestran cuánto se gana vendiendo jugadores pero no cuánto costó producir cada promoción. Sin ese número, la cantera siempre parece más rentable de lo que es, y Morata, Baena o Joan García parecen gangas.

La segunda condición es que la cantera también consume límite salarial. LaLiga incluye en el coste de plantilla a los filiales, la cantera y el resto de secciones, con sus salarios, comisiones y amortizaciones. La idea de que la cantera no cuenta para el control económico es falsa. Lo que recibe trato favorable es el gasto de formación genuina, no toda la estructura, y el club que no sepa separar una cosa de la otra pierde la ventaja.

Con esas dos condiciones, la respuesta se sostiene. Tener cantera merece la pena, y merece más la pena cuanto mejor sea el club reteniendo lo que produce. Lo que no merece la pena es medirla por la plusvalía de la última venta. Es lo único que aparece en las cuentas, y es la parte más pequeña del retorno.

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