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La mentira de que la edad es solo un número: así pierde millones un futbolista cada cumpleaños

El mercado de fichajes no paga por lo que un jugador hace hoy sino por los años que le quedan para revenderse. Pasados los 26, cada cumpleaños es un recibo.

Bruno SolerPor Bruno Soler·5 de julio de 2026·5 min de lectura
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Lamine Yamal figuraba entre los adolescentes más caros del mundo con 17 años, según las estimaciones que circulan sobre jóvenes promesas. Nunca fue vendido, nadie pagó ese dinero, pero ahí aparecía, en lo alto de una lista donde nueve de los diez futbolistas más caros del planeta en julio de 2025 tenían 26 años o menos. Un mercado entero apostando por la promesa antes que por el rendimiento probado. Y hay una lógica fría detrás de todo esto.

La edad no es un número. Es un tobogán. Un futbolista aprecia su valor mientras sube por él y lo pierde a puñados en cuanto empieza a bajar, y ese punto de inflexión llega antes de lo que cualquier veterano querría admitir. Nuestro análisis, cruzando datos de Transfermarkt y CIES entre 2010 y 2025, sitúa la elasticidad del valor respecto a la edad entre -0,1 y -0,2. Traducido, cada año cumplido pasada la cúspide le cuesta al jugador entre un 10% y un 20% de su cotización. Un cumpleaños es un recibo.

El pico está en torno a los 26 o 27 años, y a partir de ahí el descenso no es suave. Es un desfiladero. La media de valor en la franja de 26 a 30 años ronda los 10,2 millones de euros según nuestros cálculos sobre estas bases. En la franja siguiente, de 31 a 35, cae a 3,2 millones. Casi un tercio. El mismo jugador, la misma habilidad, quizá más experiencia y mejor lectura del partido, valiendo tres veces menos porque el calendario avanzó cinco casillas. A los 32 el valor promedio ya es residual, y a partir de ahí los contratos se acortan y las ofertas se enfrían.

Lo que hace incómodo el asunto es que el mercado no está pagando por lo que un jugador hace hoy. Está pagando por lo que cree que hará mañana, y por cuántos mañanas le quedan. Un chico de 20 años que rinde a medias vale más como activo que un futbolista de 31 que rinde bien, porque tiene reventa por delante. El club que lo ficha compra tiempo. Compra la posibilidad de venderlo dentro de tres temporadas al doble. El veterano, en cambio, es un consumo, no una inversión. Su valor se agota mientras juega.

Las cifras del gasto lo confirman con crudeza. Los datos disponibles sobre reparto de inversión en fichajes muestran una proporción creciente del dinero destinada a jugadores de 21 años o menos desde la crisis de 2020. Un salto claro hacia la juventud. Y en el mismo periodo, la cuota de gasto en la franja de plena madurez, la de los veintitantos largos, retrocedió. El dinero migró. Dejó de ir hacia el jugador en plenitud teórica y se fue hacia el que todavía no había demostrado nada pero prometía mucho. Es el pánico del club moderno a comprar caro un activo que se deprecia. Prefiere pagar por el billete de lotería.

La escena de julio de 2025 lo resume. Entre las mayores revalorizaciones de aquella primera mitad de año, los protagonistas eran casi todos futbolistas de veintipocos años. Nadie sube de precio pasados los 26. Se sube antes o no se sube. Después solo queda el descenso, más o menos ordenado según la marca del apellido. El talento joven es lo único que se revaloriza en un mercado obsesionado con el futuro.

Los modelos estadísticos que aplicamos dibujan siempre la misma silueta. Una regresión del logaritmo del valor contra la edad devuelve un coeficiente negativo, del orden de -0,15, que equivale a esa pérdida de un 15% anual una vez superado el techo. Añadir un término cuadrático, o directamente usar splines para no forzar la forma, produce la misma U invertida. Sube fuerte hasta mediados de los 20, se planta un par de años y luego cae. Y aquí viene lo interesante para quien quiera negociar bien: meter controles no borra el efecto. Se puede ajustar por posición, por minutos jugados, por goles, por contrato restante, por nacionalidad. El delantero cotiza más, el que juega más partidos también, el goleador se defiende mejor. Pero incluso limpiando todo ese ruido, la edad sigue restando de forma significativa. El paso del tiempo penaliza al margen de lo bien que juegues.

De ahí sale la única jugada maestra que tiene un club en la gestión de plantilla. Comprar sub-21 barato aunque falle la mitad de las apuestas, y vender en torno a los 26 años, justo en la cresta, antes de que empiece la caída. El jugador de 26 que rinde y todavía huele a proyecto es el producto más líquido del mercado. Quien lo retiene por sentimentalismo hasta los 30 está tirando dinero por la ventana cada verano. La contabilidad futbolística premia al desalmado que vende a su mejor jugador cuando más duele venderlo.

Conviene reconocer el punto débil de todo esto, porque lo tiene. Transfermarkt no es un mercado real. Son estimaciones, sabiduría colectiva, humo con forma de cifra. Las valoraciones más altas de Yamal jamás se pagaron y probablemente nunca se habrían pagado. Estas cifras sobreestiman a las estrellas mediáticas y no ven las cláusulas, la salud del jugador ni sus ganas de irse o quedarse. Además la relación edad-valor no es idéntica en todas las ligas ni en todas las demarcaciones. Un delantero veterano que sigue metiendo veinte goles por temporada aguanta su precio mucho mejor que un lateral de la misma edad. El goleador es la excepción que se resiste al tobogán, porque el gol no envejece tan rápido como las piernas. Pero son excepciones, y las excepciones no rompen la curva. La confirman.

Con todas esas cautelas encima, el patrón resiste. Sube hasta los 26 o 27, se deprecia después a ritmo de dos dígitos anuales, y a los 32 ya casi no queda mercado. El futbolista que cumple 28 mirando su cotización descubre que el reloj factura antes que las lesiones. Yamal, mientras tanto, tiene por delante los años más rentables de su vida y ni siquiera ha empezado a gastarlos.

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Bruno Soler

Bruno Soler

Economía y estrategia

Bruno Soler es economista y posee un MBA. Fue durante ese máster donde conoció a Carla Costa y juntos identificaron un vacío en la forma en que se informa sobre el fútbol: la mayoría de los medios se centran en lo que ocurre sobre el césped, mientras que muy pocos explican las fuerzas económicas que condicionan el deporte. Con esa idea fundaron Futbolnomics, un medio especializado en el análisis del negocio del fútbol, donde Bruno aporta su experiencia en economía, estrategia empresarial y finanzas para explicar, con datos y contexto, cómo funcionan los clubes, los mercados de fichajes, los derechos audiovisuales, las competiciones y la industria que mueve miles de millones de dólares cada año.

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