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Creatina y fútbol: de la sospecha del caso Juventus al patrocinio del Barça

A finales de los 90, la creatina se convirtió en la cara visible del mayor escándalo de fármacos del fútbol italiano, aunque nunca estuvo prohibida. Hoy la UEFA la recomienda y los grandes clubes firman con marcas de suplementos. La ciencia apenas cambió en ese tiempo: lo que tardó fue en disiparse la sospecha.

20 de octubre de 2026·5 min de lectura
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Hoy la creatina se vende en el supermercado, la toman millones de personas que no han pisado nunca un estadio y aparece en los consejos de cualquier nutricionista deportivo. Quien siguiera el fútbol a finales de los 90 recuerda otra cosa: una palabra que sonaba a vestuario oscuro, a jugadores que de repente ganaban músculo y a juzgados. Ese cambio de imagen es una de las historias más curiosas del fútbol reciente, porque la sustancia es la misma y su estatus legal no ha cambiado nunca.

La creatina llegó al deporte de élite a principios de los 90. En 1992, un estudio de fisiólogos británicos y suecos demostró que tomarla por vía oral aumentaba las reservas del músculo, el combustible que se gasta en los primeros segundos de un esfuerzo máximo. Ese mismo verano, en los Juegos de Barcelona, el velocista Linford Christie, oro en los 100 metros, reconoció que la tomaba. A partir de ahí se extendió por el atletismo y no tardó en llegar al fútbol, que vivía una aceleración física enorme, con más partidos, más intensidad y más carga muscular.

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El problema llegó en Italia. En julio de 1998, Zdeněk Zeman, entonces entrenador de la Roma, dijo en una entrevista con L’Espresso que el fútbol tenía que salir de las farmacias, y señaló el repentino aumento de masa muscular de dos jugadores de la Juventus, Gianluca Vialli y Alessandro Del Piero. La fiscalía de Turín abrió una investigación sobre las prácticas médicas del club durante aquellos años, que acabó sentando en el banquillo al médico del equipo, Riccardo Agricola, y al consejero delegado, Antonio Giraudo.

Lo que se investigaba de verdad no era la creatina. El núcleo de la acusación era la posible administración de EPO y el uso masivo de fármacos sin justificación médica a futbolistas sanos. Pero en el juicio, cuando desfilaron los jugadores, la creatina fue lo que más se escuchó. Era legal y no había motivo para negarla, así que varios la reconocieron abiertamente. Del Piero recordó que le habían dado varias pastillas antes de un partido, y otros contaron que se la suministraban incluso en el descanso. La sustancia legal acabó siendo la cara visible del escándalo, mientras lo que de verdad estaba en juego era mucho más difícil de probar.

El proceso tardó casi una década en cerrarse. En 2004, Agricola fue condenado en primera instancia a un año y diez meses por fraude deportivo. En 2005 fue absuelto en apelación. En 2007, el Supremo italiano consideró que aquellos hechos sí podían constituir fraude deportivo, pero el delito ya había prescrito. Nadie fue condenado por la creatina, pero quedó asociada a uno de los episodios más turbios de la historia del fútbol italiano.

Esa asociación tuvo consecuencias fuera de Italia. En 2001, la agencia francesa de seguridad alimentaria emitió una alerta sobre sus posibles riesgos que llevó a restringir su venta en el país. Aquel temor no se sostuvo, y en 2006 volvió a venderse libremente. Mientras tanto, la creatina nunca figuró en la lista de sustancias prohibidas del Comité Olímpico Internacional, de la Agencia Mundial Antidopaje ni de la FIFA. Durante todos esos años fue legal en el deporte y sospechosa en la opinión pública.

La rehabilitación llegó por la acumulación de estudios. Durante las dos décadas siguientes, cientos de ensayos fueron descartando los temores que la rodeaban, del supuesto daño renal a la idea de que funcionaba como un anabolizante. En 2018, el consenso del Comité Olímpico Internacional sobre suplementos la situó entre los pocos con evidencia sólida de mejorar el rendimiento. Y en 2020 la UEFA publicó una declaración de expertos sobre nutrición en el fútbol que, aunque defiende que la comida va primero, reconoce que la creatina y la cafeína son los suplementos con mejor respaldo científico, e incluye pautas para tomarla.

Lo llamativo es que la ciencia básica ya estaba ahí desde 1992. La creatina que se investigaba en Turín funcionaba exactamente igual que la que hoy recomienda la UEFA. Lo que cambió fue el contexto: cuando la sospecha del caso Juventus se fue diluyendo, quedó a la vista un suplemento barato, legal y con abundante evidencia a favor.

2020
Ese año la UEFA publicó su declaración de expertos sobre nutrición en el fútbol, reconociendo que la creatina y la cafeína son los suplementos con mejor respaldo científico. La sustancia era la misma que se investigaba en Turín dos décadas antes.
UEFA

Y donde hay un producto así, aparece el negocio. En septiembre de 2024, el Barça firmó un acuerdo global con BioTechUSA, una marca de suplementos deportivos, para abastecer a sus primeros equipos masculino y femenino y colaborar en investigación. Pedri es embajador individual de la marca desde 2025. Lo que a finales de los 90 se explicaba en un juzgado hoy se anuncia con los jugadores del primer equipo. Detrás hay además una industria muy concentrada: la gran mayoría de la creatina que se consume en el mundo se fabrica en China, y el principal productor fuera de Asia es la alemana Alzchem, con su marca Creapure.

Sep. 2024
Fecha en que el Barça firmó un acuerdo global con BioTechUSA para abastecer a sus primeros equipos y colaborar en investigación, con Pedri como embajador individual desde 2025. El suplemento del escándalo se convirtió en activo de patrocinio.

La normalización también tiene su letra pequeña. Los laboratorios antidopaje llevan años advirtiendo de que algunos suplementos pueden venir contaminados con sustancias prohibidas que no figuran en la etiqueta, y en el deporte de élite el responsable de un positivo es siempre el jugador. Por eso los clubes trabajan con marcas que certifican sus productos. Que la creatina sea segura no significa que cualquier bote lo sea.

La historia de la creatina en el fútbol enseña que una sustancia puede cargar durante años con la culpa de un escándalo que no era el suyo. No hizo falta que cambiara la ciencia ni la ley. Bastó con que el fútbol dejara de mirarla a través del caso Juventus.

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