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El gran error del fútbol: contar todos los goles como si valieran lo mismo

El Pichichi suma tantos como si fueran monedas del mismo metal. Un gol que rompe un 0-0 y uno que cierra un 4-0 figuran igual en la ficha, y ese error no es de medición: es de concepto.

Carla CostaPor Carla Costa·5 de julio de 2026·5 min de lectura
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Un gol es un gol. Lo dice el marcador, lo dice la tabla, lo dice el Pichichi. El que mete diez lleva ventaja sobre el que mete ocho, y punto. Ese es el consenso, la contabilidad de toda la vida, la que cabe en una servilleta. Y es un despropósito estadístico que llevamos décadas repitiendo sin pestañear.

Porque el gol que rompe el 0-0 y el que amplía un 4-0 al descanso figuran igual en la ficha, cuando su efecto sobre lo único que importa, ganar el partido, no tiene nada que ver. El primero es oro. El segundo es decoración. Y sin embargo los sumamos con el mismo signo, como si dos monedas de distinto metal pesaran lo mismo por tener el mismo tamaño.

La idea central es sencilla y molesta. El valor de un gol no está en el gol, está en cuánto mueve la probabilidad de victoria en el momento exacto en que entra. Un tanto no vale uno. Vale lo que cambia el partido. Y hay goles que cambian el partido entero y goles que no cambian absolutamente nada.

Los números sostienen esto sin ambigüedad. El equipo que marca primero gana la mayoría de los encuentros, con porcentajes que la literatura sitúa muy por encima del cincuenta por ciento y que se mueven según la calidad del rival y la condición de local o visitante. Ese gol inicial, el que rompe el equilibrio, no es un gol más. Es el que reparte casi todas las cartas. A partir de ahí el que va por detrás tiene que remontar en un deporte de bajísimo marcador, donde el empate es un resultado frecuente y las remontadas, la excepción.

La herramienta para medir esto ya existe y tiene nombre. Puntos Esperados, xP, que un equipo debería sacar según el estado del juego. La fórmula es honesta hasta la cutrez, xP igual a 3 por la probabilidad de victoria más 1 por la de empate. Si un gol lleva esa probabilidad del 50 al 70 por ciento, el equipo ha ganado 0,6 puntos esperados con ese disparo. Multiplica el 0,20 de salto por los tres puntos del triunfo. Eso es lo que vale el gol. No uno. Cero coma seis, o dos, o casi nada, según cuándo y cómo caiga.

La versión más elegante de esta idea la firma Robberechts y compañía, que en un trabajo presentado en KDD 2021 definieron el Win Probability Added, el WPA, como la variación de la probabilidad de ganar entre dos estados consecutivos del partido. Su modelo bayesiano estima minuto a minuto la probabilidad de victoria, empate y derrota ajustando por marcador, tiempo restante y fuerza relativa de los equipos. Marcar en el minuto 85 para pasar de un 80 a un 95 por ciento de victoria dispara el WPA. Marcar el quinto gol en un 4-0 apenas lo roza. Mismo gol en la ficha, universos distintos en el impacto.

El tiempo es la variable que más brutalmente ordena todo esto. Un gol en el 90+2 cuando se empataba a uno casi garantiza los tres puntos, porque no queda partido para reaccionar. El mismo gol en el minuto 60 deja media hora de fútbol para que todo se tuerza. La investigación aplicada al fútbol lo deja dicho con datos, marcar en el tramo final multiplica las opciones de triunfo, y de forma más acusada para el visitante, ese que ya cuenta con el hándicap del campo ajeno. El reloj no es contexto. Es coeficiente.

De ahí que la clasificación de los tipos de gol tenga sentido económico y no solo narrativo. El gol inicial, que desequilibra. El de la victoria, el que separa el empate del triunfo, ese segundo tanto en un 2-1. El del tiempo añadido, que apenas deja margen de respuesta. Y el penalti en partido decidido, el 4-0 al minuto 80, que engorda la estadística individual del ejecutor y no aporta prácticamente nada al resultado. Los penaltis, por cierto, tienen un xG muy alto, el más alto de cualquier disparo, lo que confirma que son ocasiones facilísimas de convertir. Facilísimas de meter y, en un partido sentenciado, irrelevantes para ganarlo. Dos cosas que nuestra contabilidad tradicional confunde en un solo número.

Aquí es donde la cosa se pone interesante para el mercado. Si aplicas esta lógica a los goleadores, el ranking cambia de cara. Un jugador que marca menos pero en los momentos que deciden partidos puede valer más, en puntos reales sumados a la tabla, que uno que acumula tantos en goleadas ya cerradas. La idea de un multiplicador de goles ya circula, uno que combina el xG con si el tanto fue de victoria, de empate, el que pone el más dos, y lo ajusta por la calidad del rival y el momento del partido. Hay también índices de importancia del gol que ponderan cada tanto contra las curvas históricas de puntos esperados para cada diferencia de marcador y cada minuto. La conclusión es incómoda para los cazadores de cifras redondas. El máximo goleador y el máximo generador de puntos no tienen por qué ser el mismo tipo.

Ahora el contrapunto, que es serio y hay que mirarlo de frente. El fútbol es un deporte de marcador bajísimo y varianza altísima. Incluso un modelo perfectamente calibrado va a fallar en la predicción de un partido concreto, porque el ruido manda. Conviene no olvidar además algo que la investigación repite, no existen los goles psicológicos, existen respuestas de los equipos, y esas respuestas añaden ruido que ningún modelo captura del todo. Los propios indicadores de Clutch o de importancia del gol dependen de parámetros históricos que cambian por liga y por temporada, así que no hay un estándar único ni universal. Y luego está el problema de los datos. Toda esta arquitectura necesita registros jugada a jugada del tipo StatsBomb u Opta, y en las categorías menores esos datos simplemente no existen o llegan degradados. El modelo es tan bueno como la calibración que lo alimenta.

Nada de eso invalida el argumento. Lo acota. Un mal modelo ponderado sigue diciéndote más sobre quién gana partidos que un buen recuento de goles brutos, porque el recuento bruto asume, de entrada, la mentira de que todos los tantos pesan igual. Y esa mentira es más grave que cualquier error de calibración, porque no es un error de medición. Es un error de concepto.

El día que un club fiche mirando puntos esperados sumados y no goles en la ficha, el Pichichi va a envejecer como el gol de oro.

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Carla Costa

Carla Costa

Directora editorial

Carla Costa es periodista y cuenta con un MBA. Durante sus estudios de posgrado conoció a Bruno Soler y ambos descubrieron que compartían una misma inquietud: entender el fútbol no solo como un deporte, sino como una de las industrias más influyentes del mundo. De esa visión nació Futbolnomics, un proyecto dedicado a analizar la economía, la estrategia, la innovación, las finanzas y la gestión que hay detrás de los clubes, las grandes competiciones y el negocio del fútbol. Como directora editorial, Carla transforma temas complejos en análisis rigurosos y accesibles, convencida de que para comprender realmente el fútbol hay que entender primero cómo funciona su negocio.

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